Pequeña locura...


Noche...
Noche estrellada... presa de una luna altiva, poderosa, reina de un mundo entero... bailarina de una danza que se baila con el viento... presa encadenada de la magia de la oscuridad... princesa de un cielo que nunca encontró su final... 


Y debajo del cielo... 
Donde la tierra encontró el horizonte, donde las preguntas perdieron su significado, donde el sol encontró su mitad, donde el agua vuela y el viento nada, donde el fuego hiela y el hielo quema... 
Donde el pacto juega al escondite con el diablo... allí donde las palabras son mudas y las locuras se sientan en sillas... 
Me encuentro yo... dueña de un laberinto de reflexiones que no quieren dar respuesta a los entresijos de la vida...

Camino a la perfección...

No es fácil, pocas personas llegarán a entender lo que paso aquel día y porque lo hice, no busco la compasión de la gente, ni el que les guste o no mi historia, busqué estar a gusto conmigo misma y lo conseguí. Ahora todo lo que me rodea es paz y eso es lo que me hace sonreír cada día, el saber que desde mi punto de vista, lo hice bien.

Era 27 de noviembre por la noche, cuando como de costumbre llegue a casa y coloqué mis zapatos bajo la cama, en el salón mi esposo estaba encendiendo la chimenea, me miré en el espejo, en el cuello llevaba un colgante, no se había despegado de mi desde que era pequeña y cada vez que lo miraba no podía evitar que una lágrima se derramará por mi mejilla, era un regalo de mi padre.
Bajé al salón y cené con mi marido, Mario, era el hombre perfecto, me ayudaba en casa, me cuidaba, me comprendía… mi vida en sí era perfecta, un trabajo que me gustaba, una gran casa… pero seguía sin entender por qué motivo en mi interior había un espacio vacío de tristeza e insatisfacción. Cuando terminamos de cenar me fui a la cama, normalmente no me gustaba soñar, cada vez que lo hacía solía tener la misma pesadilla, la imagen de mi madre llorando y yo con la impotencia de no poderle ayudar. Aquella noche el sueño fue diferente, una casa ardía en llamas y una anciana muy parecida a mi madre estaba junto a la ventana, mirándome, cuando me desperté, tenía la sensación de que todo iba a cambiar bruscamente, y eso hacia brotar mucho miedo en mi interior.
Baje las escaleras que llevaban a la cocina, cuando mire hacia el salón, recordé que dentro de poco sería Navidad, desde la muerte de mi padre no había vuelto ha decorar la casa por aquellas fechas, había perdido el espíritu navideño...
Tampoco había vuelto a hablar con mi madre, cuando todo sucedió ella me abandonó por completo, no se levantaba de la cama, no cocinaba, yo hacía todo lo posible por sacarla de su depresión pero no lo podía conseguir, hasta que tuve que irme a estudiar a otra ciudad, aquel día ella y yo discutimos, ella me dijo que no me quería ver más, que todos la abandonábamos, que estaba sola, ella no podía entender que no podía dejar mis estudios, era una promesa que le había hecho a mi padre, pero no me quería escuchar.

Salí de casa, cogí el coche y me dirigí hacia el trabajo, encendí la radio y me dispuse a escuchar música, cuando inexplicablemente la emisora que estaba escuchando cambió, en ella estaban anunciando las noticias, mi cabeza estaba en otra parte, solo pensaba en que llegaría tarde al trabajo, cuando oí una noticia que me llamo la atención, en una casa antigua, había explotado una bombona de gas pero no se había producido ningún incendio, además los bomberos habían corroborado que la casa estaba abandonada y que no había ningún tipo de peligro, entonces recordé el sueño que había tenido y una tristeza muy honda me invadió, no soportaría la idea de perderla a ella también, cuando tuve que parar porque el semáforo se había teñido de color rojo, tomé una gran decisión, estas Navidades no serían igual que las anteriores.

Así que tres días después, ahí estábamos Mario y yo, dentro de nuestro coche, en dos horas llegamos al pueblo donde vivía mi madre... nadie puede imaginarse el nerviosismo que albergaba en mi interior, el cual se acentuó cuando me dispuse delante de la puerta de mi madre a llamar al timbre, cuando una anciana detrás de nosotros habló:
- ¿No vendrán a buscar a la señora Luisa, verdad? – nosotros la dijimos que sí y nadie se puede imaginar lo que sucedió, mi madre no estaba allí, según la señora se había marchado aquel mismo día de viaje, se había despedido de todas sus amigas y las había dicho que no volvería en un gran tiempo, no le explicó a nadie donde iba a ir o cual era el motivo de su viaje, dentro de mí una gran tristeza floreció, no me podía creer lo que había pasado, Mario me abrazó con fuerza y yo lloré las lágrimas más sinceras que había llorado a lo largo de mi vida.
Ya que estábamos en mi pueblo fuimos a visitar la tumba de mi padre, allí, en el centro, las mismas flores rojas que mi madre había repuesto día a día desde su muerte. Después de tanto tiempo mi madre había sabido salir de casa, aunque fuera solo para rendirle un tributo a mi padre.

Tras esto, cogimos el coche y volvimos a casa, durante varios días no hable nada, pero una vez pasado este tiempo, todo volvió a la normalidad. Y llegó la  Nochebuena, ese día mí esposo y yo invitábamos a nuestros amigos y a sus padres a casa, la cena era espectacular.
La gente llegó y tras mantener una grata conversación, alguien llamó al timbre, cuando abrí la puerta en lo primero que me fijé fue en el rostro de la señora que tenía ante mí, su cara era dulce, unas leves arrugas mostraban la edad de aquella anciana, sobre sus ojos brillaban dos lagrimas a punto de caer al suelo, su nariz pequeña y respingona aspiraba lo más rápido que se puede uno imaginar, el rostro era conocido, aquella persona me conocía bien, me había conocido desde hace mucho tiempo, aquella mujer era mi madre.
Tras despertar del profundo choque en el que me había sumergido, me abrazó, la ofrecí pasar y el resto vino todo seguido. En aquel instante comprendí lo que había sucedido, mientras mi ilusión había sido ir a buscarla para recuperar la relación perdida, la suya había sido buscarme por toda la ciudad hasta encontrarme.

Mientras Mario cenaba con nuestros amigos y su familia, mi madre y yo nos pedimos perdón por la soberbia y el orgullo que tuvimos durante tantos años, ella no quiso verse sola y yo necesitaba un apoyo... 
Los siguientes días ella los paso en mi casa. Cuando acabaron las Navidades, mi madre se volvió al pueblo, me explicó que su vida la tenia allí, que no podía separarse de ella, ni del lugar donde murió mi padre, cuando marchó me despedí con la promesa de ir a verla a menudo.

Desde entonces el espíritu navideño volvió a florecer en mi interior, no volví a soñar con mi madre llorando, y no me volví a sentir insatisfecha con mi vida. Las sucesivas Navidades las pasamos con ella  y la familia de Mario, el salón lo decoramos con un árbol espectacular, lleno de espumillones y lucecitas parpadeantes de diferentes colores, en la cima una estrella, una muestra de que mi vida mostraba el camino a la felicidad y en mi mente, cada día, cada hora, a cada instante… las palabras que me dijo mi padre al regalarme el collar del que nunca me separaba cuando pierdas la ilusión por algo encuentra en tu familia la alegría de vivir, cuando las ganas de luchar se pierdan, encuentra la fuerza para  sonreír, cuando salgas a la calle y veas a un pequeño niño vagabundeando o un anciano pidiendo dinero para subsistir, recuerda todo lo que tienes y se feliz por ello, porque en cada acto de bien hay un paso, porque en cada paso hay un motivo, porque en cada motivo hay una intención y en cada intención encontrarás que dando la vida por los demás, luchando por lo que te rodea, surge un sentimiento de paz, de compartir y agradecer lo mucho o poco que tenemos, tu vida consiste en encontrar el camino hacía tu propia felicidad. Eso es el verdadero espíritu de la Navidad.

Y no volverá...

Dedicado a todas aquellas personas que han perdido a ese "alguien" tan especial que llenaba de sentido su vida por culpa de esa gente que no sabe ni sabrán nunca lo que es el amor verdadero.
Todo mi apoyo desde lo más profundo de mi corazón... Ojalá algún día cambien las cosas....

Cuando los ángeles lloran
es por cada árbol que muere,
cada estrella que se apaga...

Un ángel cayó,
un ángel murió,
un ángel se fue,
y no volverá....
                                                             Maná


Va a empezar ahora... Tres, dos, uno... y se abre la puerta, y tras ella un rostro cubierto por un pañuelo y una mirada fría que se clava como el hielo. En mi interior se enciende una llama. Algunos lo denominan angustia, otros lo llaman venganza...

Dos horas escuchando como miente, como desnuda mi orgullo, como va destrozando las pocas ganas de vivir que me quedaron tras aquel 25 de mayo cuando a las once de la noche en un barrio de mi ciudad natal robaron la vida que me pertenecía, ¡que era mía! 

¡Yo le cuide cuando tenía esos pies tan pequeñitos! ¡Yo le enseñé a andar cuando sus piernas querían conocer mundo!¡Yo le vi enamorarse, quererme, odiarme! Era mi vida, era mi hijo y ya no está. No está porque a una mente envenenada de odio le dio aquella noche por demostrar su ideal matando a sangre fría...

Tengo ganas de levantarme del asiento y pegarle, matarlo fríamente poniendo un espejo frente a su cara.... ¡No!, mejor, le encerraría con un reloj que cronometre su vida, lo que le quede por vivir y, cuando ese tiempo acabe, saciar mi venganza.
¡La vida era tan maravillosa a su lado! Y yo ahora solo siento la impotencia de la injusticia, porque era menor cuando lo hizo, y ya está. Una vida desaparece pero no le importa a nadie, solo acompaña el morbo televisivo de soltar improperios delante de la caja sin hacer nada por ayudarme...
"Todos estamos contigo..." pero me siento tan sola...
¡Y tengo que escuchar que era menor con diecisiete años! Con una edad que de sobra sirve para saber lo que haces. Que yo sepa a los diecisiete años todo el mundo sabe lo que hace, nadie se ve sometido a la sumisión de nadie; a esa edad, muchos chicos incluso pueden trabajar. Pero no sirve de nada, dieciséis años para entrar en una discoteca, dieciocho para ir a la cárcel.

Han pasado diez meses, cinco en los que me he culpado hasta la eternidad por haberle dejado salir aquella noche y otros cinco en los que decidí acabar con mi vida sin éxito alguno: exceso de pastillas y la cobardía de no agarrar una ventana y acabar con todo. 
Y ahora solo me queda el odio y el tremendo horror de no poder volver a tocarle, de no poder ver su carita sonriendo mientras me dice que soy la mejor madre...
Nadie es quién para robarle el último hálito de vida a otra persona...
De repente le oigo, escuchó cada una de sus palabras y sus frases van introduciéndose en mi mente como puñales...

-Quizás a las once o tal vez a las doce, a lo mejor en el metro o quizás en mi casa,  pero lo volvería a hacer porque debemos acabar con todos ellos.
No recuerdo qué hice después, pero me siento orgulloso de lo que hice, porque él... no merecía vivir.

¿Y se acabó? Me derrumbo, me hundo ante el abismo, ante miles de personas que esperan una reacción, ante los ojos de un juez que no dice nada y sólo somete a las leyes, ante las caras de muchas televisiones y la crítica de la opinión pública. Pero me da igual, sin él el sol no hace falta que salga, las nubes llueven siempre sobre mis ojos, la casa se me hace pequeña, muy poco espacio para tantos recuerdos, su habitación... mi castigo diario... las fotos, los vídeos... mi condena horaria...

Aun no me lo creo, ¡era mi perfección y me la han quitado! 
Me resguardo en el pasado y no quiero mirar al futuro. Rasgaría mi piel por volverle a ver, pararía mis latidos por un abrazo suyo, moriría por traerle de nuevo a la vida... Porque aquel 25 de mayo deje de vivir para sobrevivir....

¡Fuera de aqui!

Estoy dando golpes a esta pared que no se rompe y me hago daño en las muñecas para intentar no pensar, sinceramente esta noche estaba siendo surrealista, pero quizás lo tenía que haber previsto cuando hace unas semanas me propusieron hacerlo…
Siento tanta rabia dentro de mi, siempre me pasa lo mismo, tengo esa especie de atracción por lo prohibido, por lo que no me dejará soñar en unas cuantas semanas, camino hacia delante sin pensar en las consecuencias… pero esta vez creo y sé que he metido la pata hasta el fondo y solo tengo ganas de llorar, o de romper este estúpido muro que tengo delante de mis ojos.

Todo comenzó aquella tarde en 112 Oceans Avenue, nadie nos imaginabamos que los espíritus intentasen quedar en paz con el mundo terrenal… ¿O si? 
Cuando pasamos por delante de aquella casa, todos sabíamos ya cuantas historias y películas se habían hecho sobre esa casa pero realmente no nos las creíamos, por eso cuando propusimos ir allí aquella noche, a todos nos pareció una buena idea, fuera como fuese, esa noche era Halloween y tenía que ser especial ya que nunca nos habían dejado salir  hasta altas horas.


Cuando eran las 11 nos encontrábamos todos delante de la puerta de la casa y nos dispusimos a entrar... cuando la puerta que hasta entonces siempre había estado entreabierta, se cerró delante de nosotros con un portazo a la vez que se oyeron uno, dos… hasta 6 golpes dentro de la casa. Mentiría si dijese que no lo vi normal ya que hacía una ventisca muy fuerte, pero lo que para mi era tan común supuso que mi grupo se redujera a la mitad, “en fin… vaya panda de cobardes” pensé para mis adentros.

Entramos por una ventana, nos sentamos en círculo en el salón de aquella casa, no sin antes encender la chimenea y unas cuantas velas y nos concentramos para jugar a la ouija, otra de las grandes ideas de esa noche…

Cuando comenzamos a jugar preguntamos con las letras del tablero quien había muerto en aquella casa, instantáneamente la luz de la chimenea se apagó, miles de motas de polvo rodaron sobre nuestras cabezas, las ventanas se cerraron con suma violencia y se empezaron a oír golpes en el piso superior, todos nos asustamos bastante, aunque una parte de nuestras cabezas seguía atraída por el morbo de estar haciendo algo que no estaba bien, es decir, vivir una aventura en carne propia…
Decidimos subir a ver que había arriba, yo subí en el último lugar y cuando me faltaba solo un escalón para llegar el peldaño, cuando creo ver unos ojos tras el umbral de una de las puertas... la madera venció bajo mis pies y yo caí sin remedio por el hueco de las  escaleras.
Cuando abrí los ojos me encontré en un cuarto oscuro sin luz. Al principio me senté en el suelo intentando recomponer todo lo que había hecho aquella noche, pero cuando sobre mi nuca sentí una ráfaga de aire que gritaba: “¡Fuera de aquí!” empecé a tener miedo y a gritar mientras veía las sombras de rifles que apuntaban a mi cuerpo y sentía como unas manos gélidas me agarraban el cuerpo y me susurraban al oído que no era bienvenido…


Empecé a retorcerme de angustia entumeciendo mi cuerpo con los golpes que me pegaba contra todas las paredes que estaban recubiertas de algo viscoso, hasta que de uno de los golpes encendí un interruptor y ante mi apareció una sala antigua con las paredes cubiertas de letras escritas con sangre: “¡Fuera de aquí!”, era como si me encontrase en otra realidad paralela, en otra casa, en otro tiempo…

Pudé ver una ventana al fondo que estaba abierta, me acerqué corriendo y cuando fui a levantar la ventana que se abría verticalmente, de repente se oyó un golpe detrás, parpadee milésimas de segundo y cuando abrí mis ojos ante mi tenía una ventana abierta con unos ladrillos perfectamente colocados como si fueran parte de la pared y la cornisa fuera una broma de mal gusto, no entendía nada quería acabar aquella pesadilla…
Corrí hacia las otras ventanas, pero volvió a pasar lo mismo, así que me encontraba encerrado en aquel cuarto que para mi impresión cada vez se estaba haciendo más y más pequeño.

Y es en ese punto en el que me encuentro ahora, dando golpes a la pared que tengo delante de mis ojos ya que no comprendo nada de lo que ha ocurrido. Siento un olor muy fuerte en el ambiente, como el formol de los muertos, pero quien sabe, quizás todo sea una locura transitoria…
Acabo de ver a lo lejos una roca en una esquina, quizás lo mejor sea cogerla y dar golpes al suelo, a lo mejor descubro una abertura hacia mi libertad… golpeo fuerte, una, otra y otra vez y de repente el suelo abre un agujero bajo mis pies y allí, debajo, donde la tierra comienza a dar vida a la naturaleza, donde los sueños se pierden para volver a renacer, donde el miedo te embarga hasta limites insospechados, encuentro una mano: gris, sin vida, perdida… esto me esta superando demasiado, pero da igual, estoy aquí y descubriré todo hasta el final, el cuarto se está haciendo más pequeño y la mano acaba de encontrar su cuerpo, y por fin puedo ver sus cara… ojos pequeños… creo recordar aquella mirada perdida en alguna otra parte, sí, ¡Ahora lo recuerdo! Es el niño que vi antes de caerme, pero su cara se vuelve diferente, se está transformando delante de mis ojos y cada vez se parece más y más... ¡No puede ser! Ante mis ojos me estoy viendo a mí… agonizante, presa del horror… Me estoy muriendo o la muerte me ha vencido… el cuarto ya no es cuarto no hay nada a mi alrededor, todo está oscuro, tanto como un ataud en la penumbra… y yo…



De repente veo una luz y tres hombres que gritan mi nombre, pero cuál es mi nombre ahora, ¿DeFeo? En mi mente se graba una historia… la madrugada del 15 de noviembre de 1974, el hijo mayor de la familia DeFeo, de tan sólo 17 años, asesinó a sangre fría a sus padres y hermanos con un rifle, dejando un total de seis personas muertas…

Ronald Joseph "Butch" DeFeo, Jr. 

De repente siento en mi interior la amargura de haber hecho algo mal. La casa ha convertido mi vida y creo que lo que tengo ante mis ojos es... la policía que viene a por mí…

Por ustedes...

Hace unas semanas recibí una noticia demasiado agradable, había sido seleccionado uno de mis escritos junto con otros para un recopilatorio de relatos, quería compartir con ustedes los enlaces donde se encuentra el recopilatorio y la mención que recibí... 




Y sobretodo quería darles las gracias, porque sin ustedes nada de esto hubiera sido posible, porque no hubiera sacado las fuerzas necesarias para seguir con la gran afición de mi vida, que es la escritura y porque con sus comentarios y visitas a mi blog han hecho que este pequeño sueño cada vez sea más grande y llegue a más personas...

Porque como siempre digo... somos personas brillantes viviendo en un mundo que tendrá prisa, pero esperaremos a que sea perfecto para brillar...

La inmortalidad de su alma


Todavía recuerdo aquel lugar como si estuviera allí mismo… el olor del mar, el calor que se pegaba en el cuerpo como el abrazo del deseo, las tardes nadando en el agua, todo era perfecto… y como bien saben los sabios, los recuerdos más intensos, pase lo que pase nunca se olvidan…
Pero lo que más recuerdo de aquel pueblo, era pasar cada segundo con la mujer más importante de mi vida…

Ésta es la historia de una mujer que siempre será una segunda madre, ésta es la vida de la mujer que luchó cada día por sacar una sonrisa a cada uno de sus hijos, ésta es la leyenda de la persona que no hizo nada para ser recordada mientras lo hacía todo…

Por ella pasarán los años, y sobre sus manos se marcarán las huellas de un pasado legendario, sobre su memoria, el recuerdo permanente de todo aquello que sus ojos grabaron para siempre en el fondo del alma donde se guardan las memorias más amargas… y sobre su corazón miles de cicatrices, arañazos que en el tiempo logró curar con las más sorprendentes alegrías…
Solo ella supo amar tanto para guardar entre sus abrazos la seguridad que a todos les faltaba, solo ella supo con un abrazo hacer que toda su gente dejase de derramar lágrimas injustificadas…
Y no importa cuántas manecillas se den sobre el reloj de su vida, porque sus cuatro hijos tuvieron todo lo que ella les pudo dar…

Vivió épocas difíciles… Su infancia se marcó por la guerra y los ojos que graban los momentos más duros como si fueran los más importantes, dejaron en ella una marca imborrable en su mente y corazón…
Contaba con solo cuatro años cuando quedó huérfana por parte de madre, se puede decir que su infancia no fue nada fácil, por los momentos tanto personales como históricos, pero aún así, años después cuando su familia aumentó tanto como para tener cuatro hijo  nunca mostró un ápice de tristeza, ni de recuerdo de lo vivido…
Siempre mirando hacia delante,  siempre con esos ojos llenos de un amor que traspasaba cualquier caparazón, siempre sonriendo a cualquier momento de la vida, porque siempre es un sí que no desaparece nunca, se mantiene el tiempo, como el calor que dio a cada uno de los miembros de su familia cuando sobre ellos se cernía el frío de la vida…

Y así es como la conocí yo… sonriente, feliz, dando gracias a Dios por cada día que pasaba en su vida… viuda, pero nunca ha dejado de ver la parte positiva de las cosas, nunca dejó de enseñarme que la vida siempre tiene momentos buenos, porque todas las personas son muy bonitas tanto por dentro como por fuera.

Todos los momentos que tengo con ella son a partir de los cinco años, los recuerdos inevitablemente cuando eres un bebé no se recuerdan, pero aún así a partir de esos años siempre estuvo ahí…
Aún recuerdo los paseos que dimos mi hermana y yo con ella, cuando con ochenta años corría detrás de nosotros por las calles de mi pueblo cuando nosotras hacíamos alguna trastada…
Puedo ver ahora esos viernes por la noche en los que mientras jugábamos en la arena de la playa oíamos la voz de nuestra abuela avisando que ya estaba la cena preparada… y puedo oír los pasos mientras correteábamos como si hubiese dicho que nos iba a regalar algo… Nadie ha sabido hacer los macarrones como ella…
No puedo evitar sonreír ante la imagen de ella limpiando el pasillo de casa con la postura de un caballo, y yo subida encima de ella como si fuese una mujer fuerte a la que ni el huracán más potente se la va a llevar…
No ha habido una sola navidad que no haya compartido con ella, porque cada anécdota contada no se podía dejar de escuchar…
Porque aunque pasen los años y ella ya no pueda llevarme a caballito… o no pueda correr detrás mío… o a veces la falle la memoria… ella siempre será ella… mi abuela… la mujer que pudo y fue la persona más adorable de mi mundo…

Aún sigo yendo a mi pueblo, a sentarme con ella a ver las puestas de sol, mientras me dice lo  hermoso que es el mundo que tenemos bajo nuestros pies, la brisa nos golpea en la cara suavemente, mientras me cuenta leyendas sobre la costa, dice que algunas palmeras tienen vida y que cuando algo les molesta bajan sus hojas para mostrar su indignación… que los sueños si se recuerdan es porque un día u otro se cumplirán… que hay miradas que dicen tanto que son imposibles de olvidar y que cada persona tiene un ángel que le protege, pero que pase lo que pase ella siempre  estará a mi lado diciéndome lo simple y maravilloso que es poder disfrutar de un atardecer si está a mi lado…

Las personas viven y mueren, pero hay personas inmortales, aquellas que han dejado cada uno de sus pasos marcados en la tierra, aquellas que se marchan para quedarse, aquellas a las que no les hizo falta conocer una gran cantidad de personas para ser recordados, sino sentarse a tu lado durante una puesta de sol para hacerte sentir la persona más afortunada del mundo por ser lo que se es y tener lo que se tiene...