Juegos de amor sin sentimientos


Hace veinte años quería dejar de sentirme tan extraña en este mundo... Mi día y día iba transformándose en una constante de tortura y desesperación.
No hacía mas que escribir mis emociones cuando sentía esa opresión en el pecho cada vez que alguien jugaba con mi cuerpo rozando los rincones más ocultos o cuando quería dejar de sentir pena de mi misma cada vez que alguien no valoraba la sustancia que siempre ha habido en mi interior. Tanto tiempo pasaba en frente de los folios, como dentro de la ducha... Cada vez me duchaba más y frotaba con más fuerza la esponja sobre la superficie de mi cuerpo que cada día me repugnaba con mayor intensidad.

Día a día me iba convirtiendo en un objeto sexual sin sentimientos...

Es complicado transmitir como te sientes cuando entras en ese bucle de sentimientos perdidos en el que todo carece de sentido, quizás todo se resuma en dolor, miedo y culpabilidad, dolor, porque tu cuerpo sufre dolencias, porque vas maltratando a tu vida sin encontrar ninguna solución y cometes excesos que nunca te habías planteado, miedo, porque te pasas la mayor parte del día pensando que te deparará la noche, si será una noche normal o te enfrentaras a un nuevo reto, a una nueva manía de esos hombres que buscan saciar su deseo en manos de una desconocida, a veces con frialdad y otras con asco y desprecio, pero de cualquier manera tratándote como la arena que se puede pisar pero no se puede coger, y por mucho que pasen los años seguirá ahi... sin vida, inerte, golpeada por el mar... Pero quizás todo sea por mi culpa por no poder poner el freno a algo que tanto daño me hace pero no se como parar.

Hoy hace veinte años desde que abandoné la prostitución, los juegos de amor sin sentimientos y las noches en camas vacías, hoy celebro a su lado que he recuperado mi vida porque él apareció en ella y me rescató del infierno.
Hoy, recordamos en el sofá de siempre nuestra historia, la decisión del destino y veinte años de matrimonio en los que he pasado de la tierra al cielo.

Le conocí una de aquellas noches de lujuria inexistente, en la habitación sin número de un hotel de carretera, él era un prestigioso escritor y yo no era más que un conjunto de propósitos que perdían su sentido en cada cama. En mi interior aquella visita nocturna se pronosticaba como otra noche más, pero quizás fue cuando vi su mirada cuando me di cuenta de que había algo más que deseo en su presencia, por primera vez en mi vida la noche no acabó entre sabanas.
Él quería escribir sobre la prostitución y quería pagarme por contarle mis experiencias, y yo accedí al instante. Pasaron muchas noches en las que él fue dándome una confianza para mi desconocida, corrieron horas en las que me leía sus novelas y nos tumbábamos en la cama sin traspasar lo prohibido, el era más que un oyente, y yo, por primera vez desde hace años, comencé a recuperar la ilusión por vivir.

Pero no fue todo tan fácil, aunque yo me estaba enamorando poco a poco de él, las noches de pensiones oscuras y de vicios inconfesables con hombres sin amor no paraban, eran como una droga. Dormir quizás era una buena terapia, pero a estás alturas la droga ya había hecho demasiado efecto y pocos remedios iban a poder curar aquello en lo que me había convertido.

Es más sencillo hablar ahora, tras veinte años de alegrías, frente a una mesa llena de ilusiones, con una cena perfecta y la casa llena de velas con la ilusión del primer aniversario... es más fácil ahora que tengo un marido que me protege, una llave donde cerré el pasado, y una noche llena de esperanza bajo una hermosa luna llena testigo de veinte años de amor, quizás sea por eso que hoy celebramos que el destino me cruzó con él para dejar aquel trabajo tan históricamente antiguo.

Una tarde de mi antigua vida mi escritor me llamo para decirme que ya había acabado su libro, y que quería que fuera con él a la presentación. Nadie se imagina como se siente una persona cuando la valoran, así que con el vestido que me había regalado y maquillada lo mejor que pude fui con él.
Tras años, la gente me trataba como si fuera una persona sin ningún secreto oscuro y me hizo sentirme realmente bien.
Llegó el momento de la despedida, tras la presentación él me acompaño a mi apartamento a las afueras de la ciudad, pero cuando yo creía que llegaba la hora del final de esos días de ensueño, entonces me dio su libro, cuando lo abrí, lo pude ver impreso... él me había dedicado su novela y yo no pude sino sentirme muy especial.
Tras aquella noche y las que la sucedieron fui dejando radicalmente las escapadas nocturnas para disfrutar del amor con él, un sentimiento que no se pagaba con ningún tipo de dinero.

Y hoy tras veinte años, tras una noche llena de regalos y risas mientras cenamos, llega el momento más especial de la noche, y lo lleva siendo miles de veces en estos años, llega el momento en el que nos fusionamos en una sola persona, en el que las caricias son únicas e intransferibles, y los suspiros una constante temporal, donde él es mio y yo soy solo suya...



Un universo en su pequeño palacio de cristal

Dedicado a todos esos padres luchadores que han tenido la fuerza y la valentía de sacar a sus hijos adelante en enfermedades que no tienen remedio...

Lo supe cuando mire la foto de su cuerpecito y mire aquellos carillos sonrosados que mostraban la viveza de la vida, cuando vi el amor que tenía a un niño tan pequeño con tan solo unos poquitos meses y cuando en todos mis sueños aparecía él... Supe, que a pesar de todos los inconvenientes de la vida, él era mi mundo y daba igual todo lo demás.

Cuando una mujer decide tener un hijo crea en su interior la ilusión de enseñar todo lo que ha aprendido a lo largo de su vida, y educar a su pequeño de tal manera que viva lo mejor de la vida de los padres aprendiendo los errores que un día ya cometieron ellos y ayudándole a levantarse de las nuevas caídas; pero cuando una madre decide tener un hijo, también asume que en cualquiera de los casos habrá circunstancias con las que no se puede luchar.

Aquella mañana de noviembre cuando nació mi luz del mediodía, me dieron una de esas noticias que no se quieren escuchar, había nacido con una anomalía, mi pequeño no tenía el físico como el resto de bebés, cuando creciera sus huesos no le permitirían vivir como el resto,y es en ese momento cuando tienes que asumir que desde el minuto uno la vida cambia para ti y que el sueño que tu habías imaginado se convierte en un anhelo distinto, tu día a día pasa de educar a proteger.

Todavía recuerdo aquel primer mes, en el que me sentía culpable de lo que le había pasado, todos mis pensamientos fueron de una suma crueldad hacía mi misma: yo tenía la culpa de todo, no era una buena madre y no iba a saber como educar a mi niño. Durante todos esos días mi pareja estuvo intentando llevar la situación a un puerto mejor, se esforzaba en convencerme de que todo saldría bien, que éramos fuertes... Pero poco a poco yo fui cayendo en una profunda depresión.

Aquellas navidades cuando mi marido fue a hacer las felicitaciones, se esforzó al máximo en hacer la foto más bonita de nuestro pequeño, para que yo viera la felicidad de tener un niño tan hermoso en nuestro regazo y cuando vi aquella foto, todo mi mundo se dio cuenta, yo estaba orgullosa de él y haría lo imposible porque su vida fuera como la de una persona normal.

Los primeros años de vida, fueron los años más duros de mi vida, con solo intentar cambiarle el pañal sus piernas se fracturaban, con solo levantarle un bracito para ponerle el pijama un miedo horrible se adueñaba de mi persona... Con suma ternura le tumbábamos en su camita de algodón, y muchas fueron las noches en velas porque no se diera golpes con su cunita.


Es difícil buscar remedio a tu alrededor y que nadie te de la esperanza que una madre necesita, que nadie te asegure un tratamiento eficaz y ver como tu mundo se obsesiona por esa pequeña personita  a la que le quieres dar toda tu vida, que cada uno de tus latidos por verle correr como los otros niños, crecer, enamorarse, vivir de manera independiente y sin riesgo de nada...

Con dos añitos le llevamos a un colegio especial, en el que poco a poco aprendió a sentarse solito. Cuando aprendió a levantarse, su evolución fue un poco más lenta que el resto. Pero cuando consiguió dar sus primeros pasos, aprendió también que con un abrazo conseguía lo que se propusiera y que con un beso, su madre se sentía la persona más afortunada del mundo.

Y el tiempo fue pasando poco a poco, y muchos fueron los días de miedos en los que le esperaba en la puerta del colegio deseando que nada malo le hubiera pasado y cuando me aseguraba su sonrisa por primera vez al día mi corazón latía más despacio. 
Juan era un niño muy listo y audaz, y nadie diría que tenía problema alguno si no llegaba a ser por esos cambios físicos que tanto le delataban, pero que nunca le hacían perder la sonrisa, todavía recuerdo con que ilusión se dibujaba de pequeño corriendo por el campo.

Pasaron los años y combinaba los pocos pasos que sus piernas le permitían dar con la silla de ruedas que le acompañaba a todos los lados. Tuvo muchos amigos, pero también muchas personas que se cruzan en tu vida para hacer daño, y es que una discapacidad es el insulto fácil del débil que se hace fuerte cara al público.
Sufrió mucho, pero nunca perdió el humor, y las ganas de luchar, y aunque todos los meses viajábamos a Madrid, cada día encontraba una nueva ilusión para que su viaje no se centrara solo en intentar curar una enfermedad que pocos avances tenía...

Pero que más le voy a decir... si soy madre de un niño que lucha por sí mismo por lograr su independencia, si para mí es un orgullo tener un hijo como él que lucha por lo que quiere. Que muchas veces me derrumbo y es él el que aparece en el umbral de la puerta y con la foto de aquella navidad me dice siempre “me ayudasteis a mirar el mundo, a no tener miedo al exterior, a no encerrarme en vuestra protección... habéis sido vosotros los que me habéis enseñado que hay cosas peores, y que para ser feliz en la vida hay que adaptarse a los contras que aparecen y sacarles partido...” y es entonces cuando sonrió, y le miro y me doy cuenta de que a mi manera y con las miles de lágrimas que corrieron por mis mejillas, Juan aprendió a no hundirse  en su silla de ruedas, ya que cada paso para él era un súmo placer que eso no tiene el resto. Es un ejemplo de vida para todos.
Es triste ver como la gente es infeliz teniendo todo lo que se puede pedir y no lucha por ver la positividad de la vida, la resignación es el consuelo del cobarde.

El ángel de la mirada de plata

Tenía una buena estrella, todo el mundo podía verla tras las dos lunas que ocupaban sus párpados cansados, le llamaban... "El ángel de la mirada de plata..." y así comienza la leyenda...

Su personalidad se marcó desde muy pequeño, sus padres le habían educado de la mejor manera que ellos creían, lo cual consistió durante años en dejarle en casa la mayor parte del tiempo. Desde que tuvo uso de razón, le enseñaron lo importante que era la música, como las notas que se iban introduciendo en los pulmones para limpiar el alma de cualquier sentimiento negativo, como un torrente de vida que se introduce en medio de un cementerio.

Tocaba el piano, el violín y componía música, poco a poco se fue convirtiendo en un pequeño genio escondido entre la multitud, una multitud que desconocía su talento y no veia mas allá de sus propios zapatos.
Creció y maduró, y su carisma se volvió frío y oscuro, como resultado de su infancia y de sus pocos amigos, a pesar de ello, tenía una sensibilidad capaz de traspasar cualquier corazón.

Era finales del verano de 1967, el sol brillaba como siempre, y James, que era así como se llamaba o lo quiero llamar yo, corría fugazmente por el campo, decía perseguir la musa que se le había escapado de su casa; tan rapido corría que sin darse cuenta se chocó contra una joven, dicen que su amor fue instantáneo, mirada contra mirada surgió algo demasiado especial para poderlo explicar, y sin saber como, a las dos semanas Claudia se convirtió en la inspiración de todas sus composiciones: su pelo claro, sus ojos cristalinos, esos dos hoyuelos que se atrevían a salir solo cuando la risa vencía el pulso al miedo... Su amor era puro tanto como el trigo bajo el sol, como las cascadas de los bosques, como el viento que azota el pelo en el invierno, como la fugacidad del primer beso..

Pero no todo iba a salir bien, en el otoño de 1970, tras tres años de amor incondicional, tras vencer las esclavitud de unos padres que le seguían maltratando psiquicamente como cuanto tenía siete años y odiaban a Claudia por robarles la fuente de ingresos, tras llegar a lo más alto de la fama... comenzó su declive, cuando el amor triunfa, la desdicha hace su debut en el teatro de los sentimientos.
Con veintitrés años había sido reconocido internacionalmente como el compositor revelación, había tocado en los teatros más famosos de París, Londres y Amsterdan, sitios muy distintos a los restaurantes donde había tocado inicialmente, pero con esa edad conoció lo que era el dolor de verdad.

Durante todo ese tiempo Claudia le habia acompañado a todos los lugares, noche tras noche, sin objección alguna, escuchó como a ella fueron dedicadas todas sus composiciones: cuando discutían, su amor le insparaba la furia salvaje de los timbales acompañado de la agresividad y armonía del violonchelo, cuando todo era calma, tras hacer el amor su cuerpo le inspiraba la dulzura del arpa acompañado por el cuerpo sensual de los violines. Había caido en el amor profundo y cuando en 1970 ella tuvo un acciendente dejandola en coma, todo su mundo perdió su sentido.

Todas las noches la vigiló mientras permanecía en la cama de aquel hospital, durante todo ese tiempo su dolor se fue transformando en locura y para cuando llego el fin de toda esperanza, su locura rebosó los oceanos de la razón y empezó a creer que era un ángel enviado para protegerla; tras su espalda podía verse como había dos zonas llenas de arañazos, su ansia porque ella despertara le hacía creer que tenía dos alas mientras rasgaba su piel. 
A media noche salía al tejado del hospital, se sentaba al borde de la cornisa, habría sus brazos y dejaba que el viento rozara su cuerpo dandole una descarga de placer que muy pocas veces sentía.

Una noche, embriagado de irracionalidad y desesperación, decidió entregarle la vida a ella. Subió al tejado, caminó despacio arrastrando sus alas plateadas mientras lloraba y miraba al cielo nublando las estrellas de sus ojos, se puso de pie sobre el borde y pudo ver desde allí toda la ciudad, las fábricas que expulsaban humo, las luces de los edificios que empezaban a despertarse, los coches tan minúsculos como luciérnagas en el bosque...
Era el momento, ya estaba preparado, explayó sus alas cuan grandes eran mientras gozaba la dicha de sentirse libre bajo el firmamento azul que juega con los hilos de nubes blancas y grises de contaminación y presagio del mal tiempo, y se dispuso a volar...

Algunos dicen que realmente era un ángel, porque al día siguiente Claudia despertó, otros dicen que le salieron alas de verdad y que ahora protege a su amor allá donde vaya, componiendo música con su piano para que ella le escuche y no se sienta sola, otros muchos dicen que ella despertó antes de que el saltara y no se lo permitió...



Pasara lo que pasara, con un final más o menos triste, solo puede decirte que en cualquiera de las historias que escuches a lo largo de tu vida debes saber que ... la mediocridad si no lo es, se vuelve leyenda...

El rey, el amor y la leyenda que no se contó...

Si me preguntas por mi origen, te contaré hasta lo que yo se...


Era el inicio del mundo, prefiero no desvelarte todos los misterios de ese origen porque debes seguir buscando el sentido de tu vida, y eso ya no es tarea mía, por aquel entonces las mariposas volaban alto, el agua era cristalina, los besos no existían y el corazón solo era un órgano sin sentimientos. 

Cierto rey anhelaba con ansía la compañía y que lloraba noche tras noche por sufrir la soledad, sentía alegría, gozo, angustia, ilusión, desesperanza... pero tenía un vacío interno que le amargaba la vida y no lo podía remediar.
A pesar de que tenía un imperio enorme, y su coraje y valentía era conocida por muchos reyes,  dicen que su amargura traspasaba reinos...

Una noche llegó a palacio una mujer proveniente del desierto, cuya mirada perpetraba cualquier océano del alma, la cual quería hablar con el rey porque profetizaba que cambiaría el destino de la historia. El rey que quedó prendado de su compañía, y escuchó con entusiasmo a aquella mora, la cual le pedía que aquella noche esperara en el balcón a que pasara una estrella fugaz para pedir el deseo que mas necesitase.

El rey esperó toda la noche, dicen que en aquella vigilia, el rey escribió la carta de amor más hermosa que se pueda imaginar, y que las estrellas le cantaron para hacer su espera más llevadera, también se dijo que la luna brilló más que nunca aquella noche, para iluminar la vigilia del rey.

Justo cuando sus ganas flaqueaban y su ilusión moría en llantos, poco antes de que el sol venciera el pulso a la luna, una estrella fugaz paso rápida cual destello delante de sus ojos, y él, sin pensárselo ni un segundo dijo:

-Quiero crear un nuevo sentimiento, uno que haga que hombres y mujeres se sientan especiales con solo observar una mirada, capaz de destruir las más altas torres y vencer los más grandes errores de la humanidad, capaz de crear la ilusión a un latido de corazón...

Y lo llamo "amor", palabra que guardó el secreto de su atracción por aquella mora gitana, y en ese momento, las estrellas de todo el universo se juntaron y una explosión de color se vió en el cielo... y fue en ese justo momento en el que nací yo...

Si quieres ponerme un nombre, llámame Moris, mucha gente prefiere llamarme Cupido, y se idealiza mi imagen perfecta de un bebé con pañales y flechas de amor, pero seamos realistas, un bebé con tan corta edad, no apunta bien con el arco, y sí, la idea es muy tierna, pero yo no tengo alas, y más bien soy peludito, blanco como la nieve y con un corazón que late por cada pareja. Mi manera de actuar es muy distinta, me manejo con los elementos naturales, la lluvia, el mar, la luna, las coincidencias no tan causales...

Mi hermano el destino y yo, debatimos sobre vuestros futuros constantemente.... ¿Qué sería la vida sin amor? Todo se reduciría a la falta de ilusión...
Pero yo sigo soñando con vosotros, cuando dos miradas se cruzan y casualmente se recuerdan de algo dos individuos que jamás se habían visto, cuando tras un enfado todo se reduce a un beso apasionado bajo la lluvia, cuando dos personas se abrazan tímidamente bajo una luna más grande de lo habitual, cuando tras años de matrimonio dos abuelos siguen sintiendo esa chispa que años atrás le hizo tan especial... si, ahí estoy yo, agrandando el cielo, pintando estrellas, llorando lluvia de amor y haciendo brillar las pupilas de los ojos apasionados...

Puedes creértelo o no, puede que sea una leyenda fruto de mi locura transitoria o una realidad que poca gente recuerda, o puede que ni yo exista... Pero recuerda, cada lágrima que cae yo te la recogeré para devolvértela en forma de beso, cada abrazo que des yo lo arroparé para que sientas la pasión en el cuerpo, en cada mirada yo te pondré estrellas en tus ojos para que no seas una persona más en el mundo...

Porque como dice el poeta... el amor es sentir que necesitas a la otra persona porque solo ella te puede hacer sentir que necesitas a la otra persona, porque solo ella te puede hacer sentir especial... pero recuerda.. ahí estaré yo...

Pequeña locura...


Noche...
Noche estrellada... presa de una luna altiva, poderosa, reina de un mundo entero... bailarina de una danza que se baila con el viento... presa encadenada de la magia de la oscuridad... princesa de un cielo que nunca encontró su final... 


Y debajo del cielo... 
Donde la tierra encontró el horizonte, donde las preguntas perdieron su significado, donde el sol encontró su mitad, donde el agua vuela y el viento nada, donde el fuego hiela y el hielo quema... 
Donde el pacto juega al escondite con el diablo... allí donde las palabras son mudas y las locuras se sientan en sillas... 
Me encuentro yo... dueña de un laberinto de reflexiones que no quieren dar respuesta a los entresijos de la vida...

Camino a la perfección...

No es fácil, pocas personas llegarán a entender lo que paso aquel día y porque lo hice, no busco la compasión de la gente, ni el que les guste o no mi historia, busqué estar a gusto conmigo misma y lo conseguí. Ahora todo lo que me rodea es paz y eso es lo que me hace sonreír cada día, el saber que desde mi punto de vista, lo hice bien.

Era 27 de noviembre por la noche, cuando como de costumbre llegue a casa y coloqué mis zapatos bajo la cama, en el salón mi esposo estaba encendiendo la chimenea, me miré en el espejo, en el cuello llevaba un colgante, no se había despegado de mi desde que era pequeña y cada vez que lo miraba no podía evitar que una lágrima se derramará por mi mejilla, era un regalo de mi padre.
Bajé al salón y cené con mi marido, Mario, era el hombre perfecto, me ayudaba en casa, me cuidaba, me comprendía… mi vida en sí era perfecta, un trabajo que me gustaba, una gran casa… pero seguía sin entender por qué motivo en mi interior había un espacio vacío de tristeza e insatisfacción. Cuando terminamos de cenar me fui a la cama, normalmente no me gustaba soñar, cada vez que lo hacía solía tener la misma pesadilla, la imagen de mi madre llorando y yo con la impotencia de no poderle ayudar. Aquella noche el sueño fue diferente, una casa ardía en llamas y una anciana muy parecida a mi madre estaba junto a la ventana, mirándome, cuando me desperté, tenía la sensación de que todo iba a cambiar bruscamente, y eso hacia brotar mucho miedo en mi interior.
Baje las escaleras que llevaban a la cocina, cuando mire hacia el salón, recordé que dentro de poco sería Navidad, desde la muerte de mi padre no había vuelto ha decorar la casa por aquellas fechas, había perdido el espíritu navideño...
Tampoco había vuelto a hablar con mi madre, cuando todo sucedió ella me abandonó por completo, no se levantaba de la cama, no cocinaba, yo hacía todo lo posible por sacarla de su depresión pero no lo podía conseguir, hasta que tuve que irme a estudiar a otra ciudad, aquel día ella y yo discutimos, ella me dijo que no me quería ver más, que todos la abandonábamos, que estaba sola, ella no podía entender que no podía dejar mis estudios, era una promesa que le había hecho a mi padre, pero no me quería escuchar.

Salí de casa, cogí el coche y me dirigí hacia el trabajo, encendí la radio y me dispuse a escuchar música, cuando inexplicablemente la emisora que estaba escuchando cambió, en ella estaban anunciando las noticias, mi cabeza estaba en otra parte, solo pensaba en que llegaría tarde al trabajo, cuando oí una noticia que me llamo la atención, en una casa antigua, había explotado una bombona de gas pero no se había producido ningún incendio, además los bomberos habían corroborado que la casa estaba abandonada y que no había ningún tipo de peligro, entonces recordé el sueño que había tenido y una tristeza muy honda me invadió, no soportaría la idea de perderla a ella también, cuando tuve que parar porque el semáforo se había teñido de color rojo, tomé una gran decisión, estas Navidades no serían igual que las anteriores.

Así que tres días después, ahí estábamos Mario y yo, dentro de nuestro coche, en dos horas llegamos al pueblo donde vivía mi madre... nadie puede imaginarse el nerviosismo que albergaba en mi interior, el cual se acentuó cuando me dispuse delante de la puerta de mi madre a llamar al timbre, cuando una anciana detrás de nosotros habló:
- ¿No vendrán a buscar a la señora Luisa, verdad? – nosotros la dijimos que sí y nadie se puede imaginar lo que sucedió, mi madre no estaba allí, según la señora se había marchado aquel mismo día de viaje, se había despedido de todas sus amigas y las había dicho que no volvería en un gran tiempo, no le explicó a nadie donde iba a ir o cual era el motivo de su viaje, dentro de mí una gran tristeza floreció, no me podía creer lo que había pasado, Mario me abrazó con fuerza y yo lloré las lágrimas más sinceras que había llorado a lo largo de mi vida.
Ya que estábamos en mi pueblo fuimos a visitar la tumba de mi padre, allí, en el centro, las mismas flores rojas que mi madre había repuesto día a día desde su muerte. Después de tanto tiempo mi madre había sabido salir de casa, aunque fuera solo para rendirle un tributo a mi padre.

Tras esto, cogimos el coche y volvimos a casa, durante varios días no hable nada, pero una vez pasado este tiempo, todo volvió a la normalidad. Y llegó la  Nochebuena, ese día mí esposo y yo invitábamos a nuestros amigos y a sus padres a casa, la cena era espectacular.
La gente llegó y tras mantener una grata conversación, alguien llamó al timbre, cuando abrí la puerta en lo primero que me fijé fue en el rostro de la señora que tenía ante mí, su cara era dulce, unas leves arrugas mostraban la edad de aquella anciana, sobre sus ojos brillaban dos lagrimas a punto de caer al suelo, su nariz pequeña y respingona aspiraba lo más rápido que se puede uno imaginar, el rostro era conocido, aquella persona me conocía bien, me había conocido desde hace mucho tiempo, aquella mujer era mi madre.
Tras despertar del profundo choque en el que me había sumergido, me abrazó, la ofrecí pasar y el resto vino todo seguido. En aquel instante comprendí lo que había sucedido, mientras mi ilusión había sido ir a buscarla para recuperar la relación perdida, la suya había sido buscarme por toda la ciudad hasta encontrarme.

Mientras Mario cenaba con nuestros amigos y su familia, mi madre y yo nos pedimos perdón por la soberbia y el orgullo que tuvimos durante tantos años, ella no quiso verse sola y yo necesitaba un apoyo... 
Los siguientes días ella los paso en mi casa. Cuando acabaron las Navidades, mi madre se volvió al pueblo, me explicó que su vida la tenia allí, que no podía separarse de ella, ni del lugar donde murió mi padre, cuando marchó me despedí con la promesa de ir a verla a menudo.

Desde entonces el espíritu navideño volvió a florecer en mi interior, no volví a soñar con mi madre llorando, y no me volví a sentir insatisfecha con mi vida. Las sucesivas Navidades las pasamos con ella  y la familia de Mario, el salón lo decoramos con un árbol espectacular, lleno de espumillones y lucecitas parpadeantes de diferentes colores, en la cima una estrella, una muestra de que mi vida mostraba el camino a la felicidad y en mi mente, cada día, cada hora, a cada instante… las palabras que me dijo mi padre al regalarme el collar del que nunca me separaba cuando pierdas la ilusión por algo encuentra en tu familia la alegría de vivir, cuando las ganas de luchar se pierdan, encuentra la fuerza para  sonreír, cuando salgas a la calle y veas a un pequeño niño vagabundeando o un anciano pidiendo dinero para subsistir, recuerda todo lo que tienes y se feliz por ello, porque en cada acto de bien hay un paso, porque en cada paso hay un motivo, porque en cada motivo hay una intención y en cada intención encontrarás que dando la vida por los demás, luchando por lo que te rodea, surge un sentimiento de paz, de compartir y agradecer lo mucho o poco que tenemos, tu vida consiste en encontrar el camino hacía tu propia felicidad. Eso es el verdadero espíritu de la Navidad.